De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Sólo que cada pueblo mendiga con la expresión de su espíritu nacional. Entre nosotros el pobre pide limosna en nombre del buen Dios, con esa voz dolida y esos acentos marcados que son un cansancio cruel para quien los escucha. En Sevilla, ciudad alegre si las hay, el pobre pide limosna en nombre del placer, ese dios universal que cuenta tantos devotos como criaturas. De ello resulta que nuestro pobre hace fortuna, estoy seguro, lo cual no le entristece en lo más mínimo.