De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Usted no me oye hablar más que de chaquetas y sombreros: le diré por qué. En otros tiempos, el traje completo era de rigor, es decir que además de la chaqueta y el sombrero, se llevaba también los calzones con ribetes de terciopelo, la polaina abierta y las medias de remates bordados visibles por las aberturas de la polaina; pero qué quiere usted, Madame, nuestro horrendo pantalón y nuestras botas lustradas están dando la vuelta al mundo. Han entrado en Sevilla y conquistado en la ciudad su derecho de burguesía, de manera tal que el traje nacional se va marchando por abajo. Primero fueron las polainas bordadas las que terminaron por ser reemplazadas por las botas, y luego los calzones lo fueron por el pantalón. Hoy en día la última moda en Sevilla es ser francés desde la suela de los zapatos hasta el cinturón, y andaluz desde el cinturón hasta el pompón del sombrero.
En suma, es muy feo. Las polainas y el calzón me parecían totalmente necesarios; en esos dos objetos yace todo lo pintoresco, es decir, toda la distinción del traje; el hombre más distinguido, con el sombrero, la chaqueta, el cinturón, el chaleco andaluz y el pantalón francés, parece un horrendo cochero.