De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Debo decirle, Madame, que nuestros recursos están casi agotados. Nunca repetiré bastante, ya que no faltará quien diga lo contrario, que el viaje por España se realiza de nuestro peculio, y que los fondos se van rápido cuando se lleva la vida aventurera que nosotros llevamos. Soltamos alaridos, pues, al ver la cifra de doscientos cincuenta francos por un dÃa. Debo decirle que los hosteleros españoles no conocen lo que tan sensatamente nosotros hemos llamado la adición. Los hospederos españoles presentan un total, y esto les basta. Como con el Cid, hay que confiar en su palabra. Desgraciadamente éramos menos ricos que esos judÃos de Burgos que prestaron a don Rodrigo; asà que soltamos a nuestro economista Maquet sobre el patrón del Europa. Maquet recortó cincuenta francos del total. Luego de lo cual, como era demasiado tarde para conseguir mozos de cordel, hicimos nosotros mismos la mudanza. ¿Nos ve usted, Madame, desfilando por las calles de Cádiz, cada uno con sus trapos en la mano, ni más ni menos que los saltimbanquis de aquel querido monsieur Bilboquet, salvo por la música?