El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Maurice estaba seriamente enfermo. Lorin habÃa acudido regularmente a verle, haciendo todo lo posible por distraerle. Pero hay enfermos que no se quieren curar.
El 1 de junio Lorin llegó hacia la una.
—¿Qué hay de particular? —preguntó Maurice—. Estás espléndido.
En efecto, Lorin llevaba el traje de rigor: gorro rojo, casaca y cinturón tricolor adornado con dos pistolas.
—En lo general, está a punto de llevarse a cabo la derrota de la gironda, en este momento se calientan las balas de cañón en la plaza del Carrousel. En lo particular, hay una gran solemnidad a la que te invito para pasado mañana.
—Pero ¿qué hay para hoy?
—Hoy tenemos la repetición de la gran solemnidad. Ya sabes que hemos suprimido a Dios, reemplazándole por el Ser Supremo. Pero, como parece que es un moderado, y todo sale mal desde que está en lo alto, nuestros legisladores han decretado su caÃda. Ahora vamos a adorar un poco a la diosa Razón.
—¿Y tú te entrometes en todas esas mascaradas?
—Amigo mÃo, si conocieras como yo a la diosa Razón, serÃas uno de sus más fervientes admiradores. Escucha, quiero que la conozcas; te la presentaré.