El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —Vaya; ya sabÃa que nos entenderÃamos enseguida —dijo el oficial—. Ahora respóndeme: ¿por qué gritaba esta mujer y qué le hacÃais?
—La conducÃamos al cuerpo de guardia porque carece de salvoconducto, y el último decreto del ayuntamiento ordena arrestar a cualquiera que deambule sin salvoconducto.
—Pero, señor, yo ignoraba…
—Ciudadana, en el lugar a donde os conducen hallaréis personas que apreciarán vuestras razones, y de las cuales nada tenéis que temer.
—Señor, —dijo la joven apretando el brazo del oficial—, no es ya el insulto lo que temo, sino la muerte; si me llevan al puesto, estoy perdida.