El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Geneviève pidió a Morand que la acompañara, pero este puso como disculpa su trabajo, y la joven dijo que tampoco irÃa ella, ya que no contaba con la compañÃa de su marido.
—En ese caso —dijo Morand—; si cree indispensable mi presencia…
Maurice le pidió que fuera galante y sacrificara medio dÃa a la esposa de su amigo. Morand aceptó, y el joven les pidió que fueran discretos, pues cualquier accidente podrÃa llevarlos a la guillotina.
Geneviève advirtió a Morand para que no se distrajera y recordara que la fecha acordada era el jueves siguiente, no fuera a comenzar el miércoles algún experimento quÃmico que pudiera mantenerle ocupado durante veinticuatro horas. Morand aseguró que lo tendrÃa presente.
Geneviève se levantó de la mesa y Maurice la imitó. Morand iba a hacer lo mismo cuando se presentó un obrero con una ampollita de lÃquido que atrajo su atención.
—Apresurémonos —dijo Maurice, arrastrando a Geneviève.
—¡Oh! Esté tranquilo —replicó ella—; tiene al menos para una hora.
Y la joven le abandonó su mano, que él estrechó dulcemente entre las suyas.