El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —Morand, no me dice usted que le ha parecido —insistió Maurice.
—La he encontrado muy pálida —respondió.
Maurice tomó el brazo de la joven y la condujo hacia el patio. En la oscuridad de la escalera le pareció que Geneviève le besaba la mano.
—¿Qué quiere decir esto? —preguntó.
—Quiere decir que nunca olvidaré que ha arriesgado su cabeza por un capricho mío.
—Eso es una exageración. Además, usted sabe que no es su agradecimiento lo que deseo.
Geneviève le apretó dulcemente el brazo. Morand les seguía titubeante. Llegaron al patio; Lorin reconoció a los dos visitantes y les dejó salir del Temple.
Geneviève antes de marcharse obtuvo de Maurice que al siguiente día iría a comer a la antigua calle de Saint Jacobo.