El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —¡Oh! Gracias, gracias, señor —exclamó la reina.
Y saludando a Geneviève, MarÃa Antonieta escogió un clavel del ramo.
—Coja el ramo entero, señora —dijo Geneviève tÃmidamente.
—No —dijo la reina—. Este ramo puede ser de una persona a la que usted ame y no quiero privada de él.
Geneviève se ruborizó, lo que hizo sonreÃr a la reina.
—Vamos, ciudadana Capeto —dijo AgrÃcola—; continúe su camino.
Cuando se marchó la reina, Morand murmuró:
—No me ha visto.
—Pero usted la ha visto bien, ¿no es cierto, Morand?, ¿verdad Geneviève?
Geneviève reconoció que la habÃa visto muy bien y aseguró que le habÃa parecido muy hermosa. Sin embargo, Morand no daba su opinión.
—DÃgame —preguntó Maurice a Geneviève en voz baja y riendo—, ¿no será de la reina de quién está enamorado Morand?
Geneviève se estremeció; pero, reponiéndose, dijo rápidamente y riendo también que tenÃa todo el aspecto de ello.