El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja gozando a tu lado estoy.
¿Qué tal te parecen los versos? ¿Son oportunos?
—No, amigo mió, te has equivocado. Me dirigÃa directamente a casa, cuando hallé a esta ciudadana que forcejaba por desasirse de las manos de esos ciudadanos voluntarios; y juzgando que era deber mÃo, corrà hacia ella preguntando por qué querÃan prenderla.
—¡Ah!, te conozco demasiado —dijo Lorin—. Porque tal carácter es de los hidalgos de Francia.
Volviéndose después a los voluntarios, preguntó el cabo-poeta:
—¿Y por qué lleváis presa a esta mujer?
—Ya lo hemos dicho al oficial, respondió el jefe de la partida, porque no tiene carta de seguridad.
—¡Bah!, ¡bah! —dijo Lorin, ¡vaya un crimen!
—¿Es decir que no has leÃdo el bando de la municipalidad? —preguntó el jefe de los voluntarios.
—Si tal; pero hay otro que anula ese.
—¿Cuál?
—Hele aquÃ:
Las leyes que en el Parnaso
y allá en el Pindó se observan,
mandan que la juventud,
que la gracia y la belleza
puedan de dÃa pasar,
y a la hora que ellas quieran,