El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja La noticia de este acontecimiento se había extendido por París en muy pocas horas. En esta época había muchas indiscreciones, fáciles de comprender en un gobierno cuya política se hacía y deshacía en la calle.
El rumor, terrible y amenazante, llegó a la antigua calle Saint-Jacques, y dos horas después de ocurrir, ya se conocía allí la detención de Maurice.
Gracias a la actividad de Simon, los detalles de la detención habían salido rápidamente del Temple; sólo que, como cada uno le añadía algo por su cuenta, la verdad llegó un poco alterada a casa del curtidor. Se hablaba de una flor envenenada que se había hecho llegar a la reina, y con cuya ayuda la austriaca debía dormir a los guardianes para salir del Temple; en otra versión, a estos rumores se habían añadido ciertas sospechas sobre la fidelidad del batallón despedido la víspera por Santerre; de manera que había muchas víctimas señaladas al odio del pueblo.
Pero en la antigua calle Saint-Jacques no se equivocaban sobre la naturaleza del acontecimiento, y Morand por un lado, y Dixmer por otro, salieron rápidamente, dejando a Geneviève presa de la más violenta desesperación.