El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja En efecto, si le ocurría algún daño a Maurice, sería Geneviève la causa de su desgracia. Era ella quien había llevado de la mano al joven hasta el calabozo donde estaba encerrado y del que no saldría, según toda probabilidad, más que para ir al cadalso.
Pero, en todo caso, Maurice no pagaría con su cabeza su sacrificio al capricho de Geneviève. Si era condenado, ella misma iría al tribunal y lo confesaría todo. Asumiría toda responsabilidad y salvaría a Maurice a costa de su vida.
Geneviève, en vez de temblar ante el pensamiento de morir por Maurice, encontraba en él una amarga felicidad. Amaba al joven más de lo conveniente en una mujer que no se pertenece.
Morand y Dixmer se habían separado al salir de la casa. Dixmer se encaminó a la calle Corderie y Morand corrió hacia la calle Nonandieres. Al llegar al puente Marie, Morand vio una turba de curiosos y se detuvo; las piernas le fallaban y tuvo que apoyarse en el pretil del puente. Al cabo de algunos segundos logró recuperarse, se mezcló con los grupos, preguntó qué sucedía y supo que diez minutos antes se habían llevado del 24 de la calle Nonandieres a una joven que, sin duda, era culpable del crimen de que se le acusaba, porque estaba preparando el equipaje.
Morand se informó del club donde iban a interrogar a la pobre chica y se dirigió hacia allí.