El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja HabÃan transcurrido unas dos horas desde los acontecimientos que acabamos de contar.
Lorin habÃa ido a casa de Maurice, pero este habÃa salido y el joven entretuvo la espera hablando con Agésilas, que lustraba las botas de su patrón.
Por fin, tras una espera de casi dos horas, llegó Maurice y Lorin le contó que Artemisa estaba desesperada por haberle dicho el nombre de la florista.
—Hubiera hecho mejor dejando que las cosas siguieran su curso —dijo Maurice.
—SÃ, y en este momento tú estarÃas en su puesto. Valiente razonamiento. ¡Y yo que venÃa a pedirte un consejo! Te creÃa más fuerte.
—No importa; de todas maneras, puedes pedÃrmelo.
Lorin dijo a su amigo que le gustarÃa intentar algo para tratar de salvar a Héloïse Tison, aunque sólo fuera realizar una gestión ante el Tribunal Revolucionario.
—Demasiado tarde —dijo Maurice—. Está condenada.
—La verdad, es espantoso ver perecer asà a esta joven.
—Más espantoso es que mi salvación haya acarreado su muerte. El único consuelo que tenemos, es saber que conspiraba.