El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —¿Es que, poco o mucho, no conspira todo el mundo en estos tiempos que corren? Ha hecho como todo el mundo ¡Pobre mujer!
—No la llores demasiado, amigo mÃo, y sobre todo, no la llores muy alto —dijo Maurice—; porque nosotros cargamos con una parte de su culpa. Créeme, no hemos quedado completamente limpios de la acusación de complicidad que se nos ha hecho. Hoy, en la sección, he sido llamado girondino por el capitán de los cazadores de Saint-Leu, y he tenido que demostrarle su equivocación con el sable en la mano.
—¿Por eso vuelves tan tarde?
—Justamente.
—Pero ¿por qué no me has avisado?
—Porque en estos asuntos, tú eres incapaz de dominarte; para no hacer ruido, era necesario que todo terminara enseguida. Cada uno hemos elegido a quienes estaban más a mano.
—¿Y este canalla te habÃa llamado girondino, a ti, Maurice, a un puro?
—Eso te prueba que con otra aventura por el estilo seremos impopulares; y tú sabes, Lorin, que en los dÃas que vivimos el sinónimo de impopular es sospechoso.