El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —Lo sé muy bien —dijo Lorin—; y esa palabra hace temblar a los más valientes; no importa… me repugna dejar ir a la guillotina a la pobre Héloïse sin pedirle perdón.
—En fin, ¿qué quieres?
—Quisiera que tú, que no tienes nada que reprocharte respecto a ella, te quedaras aquÃ. Mi caso es distinto; puesto que no puedo hacer otra cosa, esperaré su paso, ¿comprendes?, y con tal que me tienda la mano…
—Entonces te acompañaré —dijo Maurice.
—Imposible, amigo mÃo; reflexiona: tú eres municipal, secretario de sección, se te ha puesto en entredicho; mientras que yo sólo he sido tu defensor; se te creerÃa culpable; quédate aquÃ; yo no arriesgo nada e iré allÃ.
—Ve entonces; pero sé prudente.