El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Apenas llegó Maurice a la esquina del invernadero. Se abrió la puerta y entró el hombre de gris, seguido por Lorin y cinco o seis granaderos.
—¿Y bien? —preguntó Lorin.
—Ya lo veis —contestó Maurice—. Sigo en mi puesto.
El policía dijo a Maurice que tenía la certeza de que el caballero de Maison-Rouge había entrado en la casa hacía una hora y no había salido.
—¿Conoce su habitación? —preguntó Lorin.
El policía dijo que estaba separada de la ocupada por la ciudadana Dixmer por un corredor, aunque quizá no hiciera falta la separación, porque el caballero de Maison-Rouge era un bribón y al ciudadano Dixmer podría parecerle un gran honor.
Maurice notó que la sangre se le subía a la cabeza y dijo:
—¿Qué decidimos?
—Decidimos que vamos a detenerle en su habitación —dijo el policía—, y quizás en su propia cama puesto que no sospecha nada.
Luego, el policía puso a Lorin y a Maurice al corriente sobre la situación de la habitación que ocupaba el caballero y les preguntó cuántos hombres necesitaban para prenderle.