El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja El ruido de pasos y voces se acercaba, y en el subterráneo oscuro se veÃa acercarse la claridad de las luces. Théodore corrió hasta la puerta que le habÃa mostrado el escribano, hizo saltar la cerradura con su palanca, abrió la ventana y se dejó caer a la calle.
Pero antes de abandonar la sala pudo oÃr al ciudadano Gracchus preguntar a Richard, y responderle este:
—El ciudadano arquitecto tenÃa razón: el subterráneo pasa bajo la habitación de la viuda Capeto; era peligroso.
—Ya lo creo —dijo Gracchus, que tenÃa conciencia de decir una gran verdad.
Santerre reapareció en el agujero.
—¿Y sus obreros, ciudadano? —preguntó a Giraud.
—Antes de que amanezca estarán aquÃ, y durante la sesión se pondrÃa la reja —respondió una voz que parecÃa salir de las profundidades de la tierra.
—Y tú habrás salvado a la patria —dijo Santerre, medio guasón, medio serio.
—No sabes lo acertado que estás, ciudadano general —murmuró Gracchus.