El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja El escribano dijo a su colega que llegaba un poco tarde, pues él se disponÃa a marcharse; pero el recién llegado alegó que en el ministerio estaban tan ocupados que sólo podÃan salir a ratos perdidos. Tras escuchar estos argumentos, el otro dijo que se diera prisa en hacer lo que fuera, porque era la hora de cenar y él tenÃa hambre. A continuación le pidió el permiso.
—Aquà está —dijo el escribano del ministerio de la Guerra, mostrando una cartera que su colega examinó con escrupulosa atención.
El escribano del ministerio de la Guerra esperaba pacientemente.
—Todo está correcto —dijo el escribano de la ConserjerÃa—. Puede empezar cuando quiera. ¿Tiene que hacer muchos asientos?
—Cien.
—¿Entonces tiene para varios dÃas?
—Desde luego, querido colega; en cierto modo es como si me fuera a establecer en su oficina; pero, puesto que usted tiene hambre, podemos cenar juntos y esto se lo explicaré por el camino. Asà podrá conocer a mi mujer, que es una buena cocinera; y también me conocerá a mÃ, que soy una buena persona.
—Esa impresión me da; sin embargo, querido colega…