El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Geneviève creyó muerto a su amigo y cayó sin conocimiento.
Cuando se disipó el humo no había nadie en el patio. Treinta soldados registraron toda la prisión, pero no se encontró a nadie.
El escribano había pasado tranquilo y sonriente ante el sillón del tío Richard. En cuanto al carcelero, había salido gritando:
—¡Alarma!, ¡alarma!
El centinela había pretendido atacarle con la bayoneta, pero sus perros le habían saltado al cuello.
Sólo se encontró a Geneviève, que fue detenida, interrogada y encarcelada.