El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja El interrogatorio, dirigido por el presidente Harmand, realizado por Fouquier-Tinville, y discutido por Chaveau-Lagarde, defensor de la reina, duró tanto como permitieron las fuerzas de los jueces y la acusada.
Al dÃa habÃa sucedido la noche y la sala se iluminó con algunas velas y lámparas humeantes. La reina estaba sola, respondiendo algunas breves y desdeñosas palabras a las preguntas del presidente. Su frente no habÃa perdido su arrogancia, y llevaba la ropa de rayas negras que no habÃa querido quitarse tras la muerte del rey.
Los jueces se levantaron y terminó la sesión. La reina preguntó a su abogado si se habÃa mostrado muy desdeñosa: y como si respondiera a su pregunta, se oyó la voz de una mujer que gritó:
—Mirad qué orgullosa es. Tu orgullo te ha perdido, MarÃa Antonieta.
La reina enrojeció. El caballero se volvió hacia la mujer y dijo:
—Es que era reina.
Maurice le cogió del puño y le dijo en voz baja que tuviera el valor de no perderse. El caballero preguntó al joven si condenarÃan a MarÃa Antonieta, y Maurice contestó que estaba seguro.
—¡A una mujer! —exclamó Maison-Rouge con un sollozo.
—No; a una reina. Usted mismo lo acaba de decir.