El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja En ese momento se abrió la puerta de las deliberaciones y entró el tribunal. La noticia se extendió por los corredores y la multitud volvió a la sala. Volvió a entrar la reina, que se mantenía erguida, altiva, con los ojos fijos y los labios apretados.
Se le leyó la sentencia que la condenaba a muerte. Ella la escuchó sin palidecer, sin pestañear, sin que un sólo músculo de su rostro indicara la menor emoción. Luego se volvió hacia el caballero y le dirigió una larga y elocuente mirada, y apoyándose en el brazo del oficial que mandaba las fuerzas, salió del tribunal digna y tranquila.
Maurice suspiró aliviado porque todo había terminado sin que la reina comprometiera a Geneviève con sus declaraciones y el caballero le confesó que él ya no tenía fuerza para seguir en su empeño. Se estrecharon la mano y se alejaron por caminos distintos.
La reina fue llevada de nuevo a la Conserjería; cuando entraba sonaron las cuatro en el gran reloj.
Al desembocar del Pont-Neuf, Maurice fue detenido por Lorin, que le esperaba para comunicarle que dos horas antes la policía había ido a su casa para detenerle. Pese a todo, Maurice pretendía ir allí, pero Lorin le convenció y le condujo a su propio domicilio.