El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Maison-Rouge se encontró entre las primeras filas de soldados; estos le preguntaron quién era, y respondió que el vicario del abate Girard, y que ambos habían sido rechazados por la reina. Los soldados le hicieron retroceder hasta la primera fila de espectadores, donde los guardias le hicieron repetir lo que había dicho a los soldados. Entonces, se elevaron gritos entre la multitud:
—La ha visto… ¿Qué dice?… ¿Sigue tan orgullosa? ¿Llora?…
El caballero respondió a todas las preguntas con voz débil, dulce y afable. Cuando habló del delfín y la princesa, de esta reina sin trono, de esta esposa sin esposo, de esta madre sin hijos, de esta mujer sola y abandonada sin un amigo en medio de verdugos, más de una frente se veló de tristeza, más de una lágrima, furtiva y brillante, apareció en los ojos animados de odio hasta poco antes.