El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja En ese momento se escuchó un aullido lúgubre. La reina se estremeció y se puso en pie, mirando a su alrededor; entonces vio a su perro, perdido desde hacía dos meses, el cual, pese a los gritos, golpes y patadas, se lanzó hacia la carreta; pero extenuado, flaco y herido, el pobre Black desapareció casi enseguida entre las patas de los caballos.
La reina le perdió de vista sin poder hacerle ni una seña; pero enseguida volvió a verle en brazos de un joven pálido que, de pie sobre un cañón, la saludaba mostrándole el cielo.
María Antonieta miró al cielo y sonrió dulcemente.
El caballero de Maison-Rouge lanzó un gemido y, como la carreta torcía hacia el puente Change, se dejó caer entre la multitud.