El caballero de la casa roja

El caballero de la casa roja

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo XLIX

En la plaza de la Revolución, Lorin y Maurice esperaban apoyados en un farol, hablando en voz baja.

Maurice no podía soportar la idea de que se matara a las mujeres.

—Maurice, hijo de la Revolución —dijo Lorin—, no reniegues de tu madre. La que va a morir no es una mujer como las demás: es el genio maléfico de Francia.

—¡No es a ella a quien lloro! —dijo Maurice.

—Comprendo: es a Geneviève.

—Hay un pensamiento que me vuelve loco: que Geneviève está en manos de los proveedores de la guillotina llamados Hebert y Fouquier-Tinville, que han enviado aquí a la pobre Héloïse y a la orgullosa María Antonieta.

—Espero que la cólera del pueblo se sienta satisfecha tras devorar a los dos tiranos y no engulla a nadie más en algún tiempo —dijo Lorin.

—Lorin —dijo Maurice—, yo soy más positivo que tú, y te lo digo en voz baja, dispuesto a repetírtelo en alto: Lorin, yo odio a la nueva reina, la que parece destinada a suceder a la austríaca que va a destruir. Es una reina triste cuya púrpura está hecha con sangre cotidiana, y que tiene a Sansón por primer ministro.

—¡Bah!, nosotros nos escaparemos de ella.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker