El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Preguntada Geneviève si reconocÃa haber sido encontrada, como decÃan los guardias Duchesne y Gilbert, de rodillas ante la reina y suplicándole que cambiara sus ropas con ella, respondió simplemente:
—SÃ.
—Entonces —dijo el presidente—, cuéntenos su plan y sus esperanzas.
Geneviève repuso que una mujer podÃa tener esperanzas, pero no hacer un plan como aquel del que era vÃctima. El presidente le preguntó cómo es que se encontraba en el calabozo de la reina, y ella contestó que la habÃan obligado.
—¿Quién? —preguntó el acusador público.
—Personas que me habÃan amenazado de muerte si no obedecÃa.
—Pero, para escapar a la muerte que la amenazaba, usted se arriesgó a ser condenada a muerte.
—Cuando he cedido, el cuchillo estaba junto a mi pecho, mientras que el hierro de la guillotina estaba todavÃa muy lejos.
Le preguntaron por qué no habÃa pedido ayuda, y la joven respondió que no tenÃa nadie a quien pedÃrsela.