El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Había madurado mucho una idea: ir a la sección del Jardín des Plantes y pedir informes al secretario. Pero le contuvo el temor de que su bella desconocida estuviera mezclada en alguna intriga política y una indiscreción suya pudiera hacer rodar su cabeza por el cadalso.
Entonces decidió intentar la aventura solo y sin ningún informe.
Su plan era muy simple: las listas colocadas en cada puerta le proporcionarían los primeros indicios, y los interrogatorios a los porteros terminarían de aclarar el misterio.
Aunque desconocía el nombre de la joven, pensaba que estaría en consonancia con su aspecto y pensaba deducirlo por analogía.
Se puso una casaca de paño oscuro y basto, se caló el gorro rojo de los grandes días y partió para su exploración sin advertir a nadie. Llevaba en la mano un garrote nudoso, y en el bolsillo su credencial de secretario de la sección Lepelletier.