El caballero de la casa roja

El caballero de la casa roja

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La reina le pidió que hiciera una obra de caridad y quemara el papel.

—Tú bromeas, austríaca —dijo Agrícola.

Diez minutos después la nota estaba depositada en el despacho de los miembros del ayuntamiento; se abrió en el acto y se comentó al máximo.

—«A oriente vela un amigo todavía» —dijo una voz—. ¿Qué diablos puede significar esto?

—¡Pardiez! —respondió un geógrafo—. En Lorient, está claro: Lorient[8] es un pueblecillo de Bretaña, situado entre Vannes y Quimper. ¡Voto a bríos!, debería quemarse el pueblo si es cierto que cobija a aristócratas que todavía velan por la austríaca.

Otro opinó que el peligro era grande por ser el pueblo puerto de mar, y un tercero solicitó que se enviara una comisión a Lorient.

Maurice, enterado de la deliberación, opinaba que el oriente de la nota no estaba en Bretaña.

Al día siguiente, la reina solicitó permiso para subir a la torre y tomar el aire. La acompañaban su hermana y su hija. Maurice subió tras ellas y se situó en una especie de garita que había en lo alto de la escalera. Al principio, la reina paseó indiferentemente; luego, se detuvo y miró atentamente hacia una casa en cuyas ventanas estaban algunas personas, una de ellas con un pañuelo blanco.


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