El Castillo de Eppstein
El Castillo de Eppstein No te extrañes de mis tristes aprensiones, Guillermina. En el estado en que me encuentro, es mejor preverlo todo. Pero no me gustarÃa abandonar este mundo sin haberte hecho a ti, que tanto me has cuidado, el legado de corazón que dejan los moribundos a las personas que han amado.
¡Dios mÃo! No sé por qué tan tristes palabras salen de mi pluma. Sin embargo, créeme, mi querida campesina, estoy contenta y tranquila. Ahora mismo, sonrÃo al recordar los proyectos que hacÃamos juntas meses atrás. ¿Te acuerdas? En cualquier caso, voy a tomarme la licencia de repetÃrtelos, porque aquellos planes tenÃan mucho que ver con un compromiso.
Guillermina, me prometiste que serÃas el ama de crÃa de mi hijo, caso de que yo faltase. No olvides tal promesa, porque cuento con ello. Y viviré, espero hacerlo, para recordártela yo misma. Pero me quedo más tranquila tras habértela recordado por escrito, en el momento en que la decisión que he tomado la convierte en solemne promesa.