El Castillo de Eppstein

El Castillo de Eppstein

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ya hemos relatado la llegada de Rosamunda a Eppstein y su primer encuentro con Everard. No sólo era un muchacho modesto, sino que, además, era tímido. No sólo no se mostraba orgulloso, sino que parecía acobardado. Y tanta dulzura, tanto apuro, se acomodaban a la perfección al carácter firme y serio de Rosamunda, porque lo que la muchacha más podía despreciar en el mundo eran la impertinencia y los aires de grandeza. Pero su felicidad se convirtió en tristeza, cuando se percató de que Everard la evitaba. ¿No sería capaz de darse cuenta de nada de lo que le ocurría? Cuando se fue con su tío Conrado, sin casi atreverse a mirarla, casi no pudo refrenar las lágrimas. Y se sintió herida en la compasión que había experimentado, en un primer momento, por aquel ser tierno y melancólico. Rosamunda pensaba que ella habría podido servirle de ayuda, de sostén, y sufría al verse obligada a renunciar al dulce papel de hermana querida que tan bien habría desempeñado. Aquel trato frío, del que no se creía merecedora, le partía el alma. ¿Qué podría hacer para que Everard volviera a ella, cuando éste se alejaba sin cesar?






👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker