El Castillo de Eppstein
El Castillo de Eppstein —Un hermoso libro en francés, de Bernardin de Saint-Pierre. ¿No lo conocéis? Os lo prestaré. En fin, que había tenido un sueño feliz: habríamos vivido ignorados, pero felices, en las montañas, en estos bosques, junto con el bueno de mi padre, Jonathas. He pensado en ello durante todo el camino de mi vuelta aquí. Preguntádselo a mi padre, a quien aburría con preguntas sobre vos, y que siempre me respondía con frases que alimentaban mis quimeras y mis esperanzas. Pero en cuanto llegué, desde el primer momento, comprendí que mis proyectos eran pura ilusión. Os tendí la mano como a un hermano, y me tratasteis como a una extraña. Sé que no es cuestión de orgullo, lo sé. Mi padre me ha asegurado que vuestro corazón es tan noble como vuestra cuna. ¿Por qué, pues, esa frialdad y esa indiferencia que me mostráis?
—¡No es frialdad ni indiferencia! —dijo, vehemente, Everard—. ¿Qué queréis? Soy un chico arisco, un hijo salvaje de estos bosques, y vuestra presencia me ha intimidado, igual que la de un ángel o un hada.