El Castillo de Eppstein

El Castillo de Eppstein

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Me quitáis un gran peso de encima —continuó la joven, sin escuchar tan poco afortunada pregunta—. Así que fue por causa de vuestra timidez por lo que no me dirigisteis la palabra el primer día. Por timidez también, me habéis evitado, e incluso os fuisteis con vuestro tío Conrado casi sin decirme adiós…

—Y por esa misma razón iba a abandonar Eppstein y Alemania para siempre, para no volver a veros —añadió Everard—, cuando la Providencia y mi madre hicieron que aparecierais en mi camino.

—Pero, ahora, os quedaréis —dijo Rosamunda, con vehemencia—. A partir de ahora, nos comprenderemos, nos querremos… ¿Qué os pasa? ¿En qué pensáis?

—Pienso —prosiguió Everard, soñador—, que quizá no sea sólo por mi carácter insociable por lo que quería alejarme y unirme al Ejército del Emperador. También estaba lo de mi padre…, pero se ha ido a Viena. Y algo más.

—¿Qué más? —preguntó Rosamunda, con un deje de inquietud.

Se produjo un silencio. Con los ojos fijos, Everard parecía observar las tinieblas que rodeaban sus pensamientos, y movía la cabeza con aspecto de meditar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker