El Castillo de Eppstein
El Castillo de Eppstein —Pues claro que permanece en nuestro recuerdo y en nuestros corazones —exclamó Jonathas, emocionado—. ¡Noble Conrado! ¡Qué bien y qué propio de él que no se haya olvidado de nosotros! ¡A cenar! ¡Vamos a beber a su salud, muchachos!
En efecto, durante la cena, el bueno de Jonathas se sirvió algunos tragos más de lo normal para festejar el recuerdo de Conrado. Tras haber vaciado dos o tres veces su copa de los dÃas de fiesta, sintió que el corazón se le ensanchaba y la lengua se le desperezaba. Era a finales de diciembre y, mientras cenaban, se habÃa hecho de noche. Fuera, caÃan gruesos copos de nieve, pero en la cabaña ardÃa un buen fuego y, como es bien sabido, la cercanÃa de la chimenea, cuando el viento sopla en el exterior, anima tanto a la conversación como el vino.