El Castillo de Eppstein

El Castillo de Eppstein

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y el joven cayó de rodillas ante ella, con las manos juntas, mientras la contemplaba arrebolado.

—Everard, amigo mío, hermano mío —le contestó Rosamunda, con el tono y el gesto revestidos de aquella dignidad que jamás le abandonaba—, Everard, levantaos, y charlemos fraternalmente, como solíamos hacer. No repetiré jamás la tácita declaración que se nos escapó en medio de nuestro entusiasmo. Pero, sí, os amo, como vos me amáis, Everard.

—¡Por todos los ángeles del cielo! ¿Qué decís? —exclamó el impetuoso joven.

—Sí —prosiguió Rosamunda, pensativa—, os lo repito, porque tales palabras tienen un encanto en el que el alma se complace. Os amo, como Noemí amó a Conrado. Pero pensad en Conrado y en Noemí. Os doy mi vida, pero no puedo aceptar la vuestra. Muchas veces me habéis dicho que barruntabais grandes desgracias en vuestro futuro. Si lo que llegara a ocurriros, sucediese por mi culpa, Everard, me moriría. No me importa que yo sea desgraciada, pero sufrir por vos es algo que va más allá de mis fuerzas, ya os lo advierto. Lo mejor, pues, sería olvidar el peligroso sueño en el que nos embarcamos ayer por la noche.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker