El Castillo de Eppstein

El Castillo de Eppstein

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Es como si me pidierais que olvidase mi vida —replicó Everard—, porque ese sueño es mi aliento, mi ser y mi existencia. Ese sueño soy yo. Nada podrá separarnos en adelante, Rosamunda, porque vos sois mía, como yo os pertenezco.

—¿Quién habla de separarnos? —le contestó Rosamunda, alma tenaz, pero ignorante en asuntos del corazón, y que cedía sin vacilar a los sutiles consejos de una pasión imperiosa—. Podemos seguir juntos, Everard, pero a condición de que sea como en el pasado, de que borremos la pasada y febril velada de nuestro recuerdo, de que volvamos a la tranquilidad y a la santidad de nuestras conversaciones de antes. A condición, Everard, de que mi hermano me sirva de protección y de apoyo, y que nuestras dos santas madres sigan presentes entre los dos. Si lo aceptáis así, nos esperan días de felicidad, porque he de confesaros que me sería muy difícil, en verdad, renunciar de repente a nuestra intimidad. Pero si cumplimos con nuestro deber, con valentía y resignación, Dios nos ayudará y nos amará, y no hay que olvidar que el futuro está en sus manos.

—¡El porvenir!… Eso es —dijo Everard, con amargura—, demos esquinazo a nuestra felicidad, como se hace con un acreedor al que no se puede pagar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker