El Castillo de Eppstein
El Castillo de Eppstein —El otro —dijo el anciano, cuando se quedó a solas con la condesa—, el primero de nuestros hijos que partió, ni siquiera se atrevió a solicitar vuestra bendición. Pero se la llevó consigo. ¿No es asÃ, Gertrudis? Se fue con vuestra bendición y la mÃa, y Dios siempre ha escuchado más al corazón que guarda silencio que a los labios que hablan.