El collar de la reina

El collar de la reina

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Capítulo LXXX

En el momento en que el rey había dejado la habitación de la reina, esta se dirigió al tocador donde el señor de Charny había podido oír todo.

Abrió la puerta y volvió a cerrar la de su departamento; esperó silenciosamente que Charny dijese su veredicto. No tuvo que esperar mucho; el conde salió del tocador más triste y más pálido que nunca.

—¿Y bien? —interrogó ella.

—Señora —contestó aquel—, ya veis que todo se opone a que seamos amigos. Aunque no sea mi convicción lo que os hiera, será en adelante el rumor público; con el escándalo que se ha producido hoy, ya no hay tranquilidad para mí ni tregua para vos. Después de esta primera herida que os han inferido, los enemigos más encarnizados caerán sobre vos como las moscas sobre la gacela herida…

—Tratáis de buscar desde hace tiempo una palabra natural y no la halláis —dijo la reina con melancolía.

—Creo que no he dado nunca a Su Majestad ocasión para que dude de mi sinceridad —contestó Charny—; os pido perdón si algunas veces se ha manifestado con excesiva dureza.


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