El collar de la reina
El collar de la reina A la mañana siguiente, o más bien aquella misma mañana, ya que nuestro último capÃtulo ha tenido que cerrarse a las dos de la madrugada; en esta mañana, decÃamos, Luis XVI, en un traje violeta, llegó hasta las puertas de la cámara de la reina.
Una dama del servicio entreabrió esta puerta, y reconociendo al rey, dijo:
—Sire…
—¿La reina? —preguntó Luis XVI.
—Su Majestad duerme, Sire.
El rey hizo un ademán como para alejar a la dama, pero ella no se movió.
—Vamos —dijo el rey—, ¿no os movéis? Ved que quiero pasar.
El rey, en algunos momentos, tenÃa tan vivos los ademanes que sus enemigos los traducÃan por brutales.
—La reina descansa, Sire —objetó ella tÃmidamente.
—Os digo que me dejéis pasar —exclamó el rey.
Diciendo estas palabras apartó a la mujer y penetró en la otra cámara. Una vez hubo llegado a la puerta de la alcoba, el rey vio a mademoiselle de Misery, primera camarera de la reina, que leÃa la misa en su libro de horas, y la cual se puso en pie al ver al rey.