El collar de la reina
El collar de la reina El cardenal de Rohan recibió, dos dÃas después de su visita a Boehmer, un billete que decÃa: «Su Eminencia, señor cardenal de Rohan, sabe sin duda dónde cenará esta noche».
«De la condesita —se dijo, quemando el papel—. Iré».
He aquà por qué Juana de la Motte solicitaba esta entrevista del cardenal: de los cinco criados puestos a su servicio por Su Eminencia, habÃa distinguido uno de cabellos negros, ojos oscuros, tez morena y sanguÃnea[76]. Para esta gran observadora eran los sÃntomas de un organismo activo, inteligente y tenaz. Hizo que le llamaran, y en un cuarto de hora obtuvo de su docilidad y de su perspicacia lo que ella deseaba, que fue hacerle seguir al cardenal, informándola de que habÃa visto a Su Eminencia ir dos veces en dos dÃas al establecimiento Boehmer y Bossange. Juana sacó sus deducciones. Un hombre como el cardenal no regatea. Hábiles comerciantes como Boehmer no dejan irse a un comprador. Por lo tanto, el collar, se habÃa vendido. Vendido por Boehmer y comprado por el prÃncipe de Rohan, pero él no habÃa dicho una palabra a su confidente, a su dueña. El sÃntoma era grave. Juana arrugó la frente, se pellizcó los labios y dirigió al cardenal el billete de llamada.