El collar de la reina

El collar de la reina

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Capítulo XLVII

El cardenal de Rohan recibió, dos días después de su visita a Boehmer, un billete que decía: «Su Eminencia, señor cardenal de Rohan, sabe sin duda dónde cenará esta noche».

«De la condesita —se dijo, quemando el papel—. Iré».

He aquí por qué Juana de la Motte solicitaba esta entrevista del cardenal: de los cinco criados puestos a su servicio por Su Eminencia, había distinguido uno de cabellos negros, ojos oscuros, tez morena y sanguínea[76]. Para esta gran observadora eran los síntomas de un organismo activo, inteligente y tenaz. Hizo que le llamaran, y en un cuarto de hora obtuvo de su docilidad y de su perspicacia lo que ella deseaba, que fue hacerle seguir al cardenal, informándola de que había visto a Su Eminencia ir dos veces en dos días al establecimiento Boehmer y Bossange. Juana sacó sus deducciones. Un hombre como el cardenal no regatea. Hábiles comerciantes como Boehmer no dejan irse a un comprador. Por lo tanto, el collar, se había vendido. Vendido por Boehmer y comprado por el príncipe de Rohan, pero él no había dicho una palabra a su confidente, a su dueña. El síntoma era grave. Juana arrugó la frente, se pellizcó los labios y dirigió al cardenal el billete de llamada.


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