El Conde de Montecristo

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Y después de esa frase redonda, Villefort, para comprobar el efecto de su facundia, miró a los comensales, como, tras una frase equivalente, en el estrado, hubiera mirado al auditorio.

—Y bien, mi querido Villefort —repuso el conde de Salvieux—, es justamente lo que respondía yo antes de ayer al ministro de la casa del rey en las Tullerías, que me pedía un poco cuentas de esa singular alianza entre el hijo de un girondino y la hija de un oficial del ejército de Condé; y el ministro lo comprendió muy bien. Este sistema de fusión es el sistema de Luis XVIII. Además, el rey, que sin que nos diéramos cuenta, estaba escuchando nuestra conversación, nos interrumpió diciendo: «Villefort», observen que el rey no pronunció el nombre de Noirtier, sino que hizo hincapié en el de Villefort, «Villefort hará una buena carrera», dijo entonces el rey; «es un hombre ya maduro y que pertenece a mi mundo. Vi con gusto que el marqués y la marquesa de Saint-Méran lo tomasen por yerno, y yo mismo les hubiese aconsejado esa alianza si no hubieran sido ellos los primeros en venir a solicitar mi permiso para contraerla».

—¿El rey dijo eso, conde? —exclamó Villefort encantado.


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