El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo El señor fiscal del rey queda prevenido, por un amigo del trono y de la religión, que el llamado Edmond Dantès, segundo del navÃo el Pharaon, que ha llegado esta mañana de Esmirna, después de haber tocado los puertos de Nápoles y de Portoferraio, ha sido encargado, por Murat, de llevar una carta al usurpador; y a su vez el usurpador le ha entregado una carta para el comité bonapartista de ParÃs. Se obtendrá la prueba de su crimen arrestándole, pues, o la lleva consigo o la tiene en casa de su padre, o en la cabina a bordo del Pharaon.
—Pero —dijo Renée—, esa carta, que por otra parte no es más que una carta anónima, va dirigida al señor fiscal del rey y no a usted.
—SÃ, pero el fiscal del rey está ausente; en su ausencia, la epÃstola llegó a su secretario, que tenÃa la misión de abrir las cartas; entonces abrió esta, ordenó que me buscaran y, al no encontrarme, cursó las órdenes de arresto.
—O sea que el culpable está arrestado —dijo la marquesa.
—O sea, el acusado —repuso Renée.
—SÃ, señora —dijo Villefort—, y como he tenido el honor de decir hace un rato a la señorita Renée, si encontramos esa carta en cuestión, el enfermo está bien enfermo.