El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La señora Danglars, cuya belleza podía aún ser citada a pesar de sus treinta y seis años, estaba al piano, pequeña obra maestra de marquetería, mientras que Lucien Debray, sentado a una mesa de costura, hojeaba un álbum.

Lucien había tenido tiempo de contar a la baronesa muchas cosas relativas al conde, antes de que este llegase. Sabemos qué impresión había causado Montecristo entre los comensales en el almuerzo en casa de Albert; esa impresión, por muy poco impresionable que fuera, no se había borrado aún en Debray, y los datos que había proporcionado a la baronesa sobre el conde la evidenciaban. La curiosidad de la señora Danglars, excitada por antiguos detalles que le había aportado Morcerf, y los nuevos, aportados por Lucien, había llegado al colmo. Así, ese arreglo del piano y del álbum no era más que una de esas pequeñas estratagemas del gran mundo, con la ayuda de las cuales se ocultan las más fuertes precauciones. La baronesa recibió, en consecuencia, al señor Danglars con una sonrisa, lo que, por su parte, no era nada habitual. En cuanto al conde, recibió, a cambio de su saludo, una ceremoniosa pero al mismo tiempo gentil reverencia.

Lucien, por su parte, intercambió con el conde un saludo medio amistoso, y con Danglars un gesto de intimidad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker