El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —¡Peor para usted!
—¿Por qué? —preguntó Montecristo.
—Porque usted podrÃa haber visto un espectáculo propio para romper su orgullo. ¿Usted dice que no teme más que a la muerte?
—Yo no digo que la tema, digo que sólo la muerte puede detenerme.
—¿Y la vejez?
—Habré cumplido con mi misión antes de que llegue a viejo.
—¿Y la locura?
—Estuve a punto de volverme loco, y usted conoce el axioma: non bis in idem[3]; es un axioma criminal, y, por tanto, es de su incumbencia.