El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ay! Señor —dijo Montecristo—, ese espectáculo no es ajeno a mis ojos ni a mi pensamiento; yo soy un poco médico, y como mis colegas he buscado más de una vez el alma en la materia viva o en la materia muerta; y como la Providencia, esa alma ha permanecido invisible a mis ojos, aunque presente en mi corazón. Cien autores, desde Sócrates y Séneca hasta san Agustín y más tarde Gall, han hecho en prosa y en verso la comparación que acaba usted de hacer; pero, sin embargo, comprendo que los sufrimientos de un padre puedan operar grandes cambios en el espíritu de su hijo. Iré, señor, puesto que usted quiere invitarme a ello, a contemplar en provecho de mi humildad ese terrible espectáculo que debe entristecer mucho su casa.

—Sería así, sin duda, si Dios no me hubiera dado una gran compensación. Frente a ese anciano que desciende a la tumba arrastrándose, están dos niños que entran en la vida: Valentine, una hija de mi primer matrimonio con la señorita de Saint-Méran, y Édouard, ese niño que usted salvó ayer.

—¿Y qué conclusión saca usted de esa compensación, señor? —preguntó Montecristo.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker