El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El conde, desde su llegada, se había impregnado ya de esa dicha; se había quedado mudo, pensativo, olvidando que esperaban que retomase la conversación interrumpida después de los primeros cumplidos.

Él se dio cuenta de ese silencio que ya casi era inconveniente, y apartándose con esfuerzo de sus pensamientos:

—Señora —dijo al fin—, perdone mi emoción que debe causarle asombro, a usted, acostumbrada a la paz y a la dicha que encuentro aquí; pero, para mí, es algo tan nuevo ver la satisfacción en un rostro humano, que no me canso de mirarla a usted y a su marido.

—Somos muy felices, en efecto, señor —replicó Julie—; pero hemos tenido que sufrir durante largo tiempo, poca gente ha comprado su felicidad a un precio tan alto como nosotros.

La curiosidad asomó a la expresión del conde.

—¡Oh! Es toda una historia de familia, como le decía el otro día a Château-Renaud —repuso Maximilien—; para usted, señor conde, acostumbrado a ver ilustres desgracias y alegrías espléndidas, tendría poco interés este cuadro hogareño. Sin embargo, como acaba de decirle Julie, hemos padecido grandes sufrimientos, aunque estuviesen encerrados en este pequeño marco…

—¿Y Dios les ha dado, como hace con todos, el consuelo entre tanto dolor? —preguntó Montecristo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker