El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Oh! ¡Dios mío, no! En primer lugar, admitamos que la palabra veneno no existe, puesto que en medicina se usan venenos más fuertes que, según la manera de administrarlos, se convierten en remedios saludables.

—¿Entonces, qué era eso?

—Era una sabia preparación de mi amigo, ese excelente abate Adelmonte, y que también me enseñó a usarlo.

—¡Oh! —dijo la señora de Villefort—. Debe ser un excelente antiespasmódico.

—Soberano, señora, usted lo vio —respondió el señor conde—, yo lo uso a menudo, con toda la prudencia posible —añadió riendo.

—Lo creo —replicó en el mismo tono la señora de Villefort—. En cuanto a mí, tan nerviosa y con tanta facilidad para desmayarme como tengo, necesitaría de un doctor Adelmonte para que me inventara algún remedio para respirar bien y tranquilizarme ante el temor que siento de morir un buen día sofocada. Mientras tanto, como eso es muy difícil de conseguir en Francia, y su abate no está probablemente dispuesto a hacer por mí un viaje a París, me conformo con los antiespasmódicos del señor Planche, y la menta y las gotas de Hoffmann que gozan para mí de un gran predicamento. Mire, aquí tengo estas pastillas que hace expresamente para mí; son de una dosis doble.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker