El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Ahora —prosiguió Montecristo—, al marqués Cavalcanti sólo le inquieta una cosa, y es lo que ha hecho usted durante el tiempo en el que le mantuvieron lejos de él; de qué manera le trataron sus raptores; si conservaron por su linaje el respeto que le era debido; en fin, si no le ha quedado, de ese sufrimiento moral al que se ha visto expuesto, un sufrimiento cien veces peor que el sufrimiento fÃsico, si no le ha quedado, digo, alguna merma de las facultades de las que la naturaleza le dotó con largueza, y si usted mismo cree poder retomar y mantener dignamente entre la sociedad el rango que le corresponde.
—Señor —balbuceó el joven aturdido—, espero que ningún falso informe…