El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Eso es cierto, pardiez! —exclamó el armador todo gozoso—; era Policar Morrel, mi tío, que llegó a capitán. Dantès, dirá a mi tío que el emperador se acordó de él, y le verá llorar, al viejo veterano. Vamos, vamos —continuó el armador, dando una palmada amistosa en el hombro del joven—, hizo usted bien, Dantès, en seguir las instrucciones del capitán Leclère, y deteniéndose en la isla de Elba, aunque, si se supiera que remitió un paquete al mariscal y que habló con el emperador, podría comprometerle.

—¿Y en qué iba a comprometerme, señor? —dijo Dantès—. Ni siquiera sé lo que llevaba, y el emperador no me hizo más preguntas de las que hubiera hecho a cualquier recién llegado. Pero, perdón —repuso Dantès—, aquí vienen sanidad y aduanas; me permite, ¿verdad?

—Vaya, vaya, mi querido Dantès.

El joven se alejó y, mientras se alejaba, se acercó Danglars.

—Y bien —preguntó—, ¿parece que le ha dado buenas razones para haber fondeado en Portoferraio?

—Excelentes razones, mi querido señor Danglars.

—¡Ah! Mejor así —respondió este—, pues siempre es penoso ver a un compañero que no cumple con su deber.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker