El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Ya no me tuteas, eso está mal, Benedetto, a mí, a tu antiguo colega; cuidado, me vas a hacer exigente.

Esa amenaza hizo bajar la cólera del joven: el viento de la coacción acababa de soplarle encima.

Puso el caballo al trote.

—Es malo para ti, Caderousse —dijo—, emprenderla así con un antiguo colega, como decías; tú eres marsellés, yo soy…

—¿Es que sabes lo que eres, ahora?

—No, pero me crié en Córcega; tú eres viejo y testarudo; yo soy joven y testarudo. Entre gente como nosotros, la amenaza es mala, debemos hacer las cosas por las buenas. ¿Es culpa mía si la suerte sigue siendo mala para ti y, por el contrario, ahora es buena para mí?

—¿Así que ahora es buena, tu suerte? ¿No es entonces un groom prestado, un tílburi prestado, ni todo este atuendo prestado, lo que tenemos aquí? ¡Bueno! ¡Pues tanto mejor! —dijo Caderousse con los ojos brillantes de codicia.

—¡Oh! Bien lo has visto y bien lo sabes, puesto que me abordas —dijo Andrea animándose cada vez más—. Si yo llevara un pañuelo como el tuyo a la cabeza, un blusón grasiento sobre los hombros y zapatos llenos de agujeros en los pies, no me reconocerías.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker