El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Pues de ello resulta que con seis finales de mes más asà —continuó imperturbable Montecristo—, una casa de tercer orden se verÃa en la agonÃa.
—¡Oh! —dijo Danglars con una muy pálida sonrisa—. ¡Qué deprisa va usted!