El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —¡Tiene usted razón! —exclamó Danglars levantándose rápidamente—. ¡Escribiré hoy mismo!
—Hágalo.
—Lo haré.
—Y si consigue alguna noticia escandalosa…
—Se la comunicaré.
—Se lo agradeceré.
Danglars salió fuera de la casa, y no tuvo más que dar un salto hasta su coche.