El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —¿Por parte de quién?
—Por parte de Bonaparte, o al menos de su partido.
—Mi querido Blacas —dijo el rey—, me impide usted trabajar con sus temores.
—Y a mÃ, Sire, vos me impedÃs dormir con vuestra seguridad.
—Aguarde, querido amigo, aguarde, tengo una nota muy conseguida sobre el Pastor quum traheret, aguarde y continuará después.
Hubo un instante de silencio, durante el cual Luis XVIII inscribió, con una caligrafÃa lo más pequeña que podÃa, una nueva nota al margen de su Horacio; después, cuando hubo terminado la nota:
—Continúe, querido duque —dijo incorporándose con ese aire satisfecho del hombre que cree haber tenido una idea cuando ha comentado la idea de otro—, continúe, le escucho.